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sábado, 15 de septiembre de 2018

Elsa parte 3


-Hemos tenido, mi amigo y yo, encontronazos con la ley.- jactó.- ya sabes, por fumar marihuanas.
-Sí, pero deben enterarse de lo sucedido. Además te voy a llevar a mi trabajo.-dijo Elsa, levantándose con decisión.
En ese momento se asustaron al irse las luces de repente dentro de la casa. Comprobaron que no había luz. Pese a que Vicente era el más mayor de los dos-se llevaba once años de diferencia con Elsa-, tenía miedo de lo que sucedía. Tocándose la calvo rota, le suplicó a la enfermera que le acompañase afuera. Al hacerlo, comprobaron que efectivamente alguien había estropeado el generador que estaba en un rincón del patio trasero. Salieron afuera, a la calle. Estaba poco alumbrada, Vicente señaló hacía el medio del asfalto. No había nada, ningún cadáver. Pero al acercarse este junto a la mujer madura, vieron un rastro de sangre que seguía hacía abajo. Elsa se llevó la mano a la boca. Tras eso, cogió su móvil.
-¡No!, no llames a la policía.-gritó Vicente estando frente a ella y echándole su aliento a alcohol.
Esta vez, Elsa no se asustó y le dijo que se lo explicase.
-No puedo hacerlo, de acuerdo. Tengo que encontrar al Chori.-explicó el hombre calvo rota llevándose un dedo a la nariz.
Ella hizo caso omiso y pulsó una tecla, Vicente se acercó a Elsa y tiró el móvil al suelo, pisándolo varias veces más. Tras eso, se alejó calle abajo y miró en cada contenedor que había en una fila de una acera.

No había cuerpo. Él dio varios golpes con sus gruesas manos a una farola que había cerca de las basuras. En ese momento, pisó un pequeño charco de sangre que había en la calle. Se agachó y vio marcas de vehículo cerca del rastro.

Su mente de ladrón empezó a maquinar ideas y conjeturas. Dedujo que a su amigo le habían matado y metido en un maletero de un coche. Pensó que el tipo que asesinó a su colega podría tener algún cómplice y estar en alguna parte. Tal vez se hallan largado ya. Tal vez aún sigan aquí. Cogió su móvil y marcó el numero de su amigo. Un tono, dos, tres. Nada, saltó el contestador.
-Maldita sea, ¿dónde demonios estas Chori?-se preguntó Vicente cabreado, mientras se tocaba su frente sudorosa.

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