Estábamos
cerca de la casa de Elsa. Estaba sentada en el asiento del conductor, cansada y
vi que mi vestido estaba manchado de sudor. Me dolían los brazos, era de haber
mantenido tanto tiempo en brazos una parte del cuerpo de un hombre que pesaba
más que yo. Me olí una de las mangas por si tenía algún rastro del cuerpo que
acabábamos de esconder en el maletero. No sé,
que llevase alguna colonia. Eric
entró dentro.
-¿Que
hacemos ahora, eh? ¿por qué has tenido que cargarte a ese tío?-pregunté
nerviosa.
-Le di una
oportunidad, no me hizo caso y le maté.-respondió este tranquilamente.
-Pero...
-Pero
gracias a esa muerte, he encontrado a nuestra testigo. Las malas noticias.-
dijo mirándome con esa mirada que tenía tan fría mientras se ajustaba la visera
de su gorra.- Que hay que cargarse a dos
personas, el amigo del Chori y a nuestra testigo.
-¿Y qué
hacemos con el cuerpo? porque no lo quiero tener en el maletero de mi coche.-
reproché mientras señalaba con una mano hacía la parte de atrás.
-Tranquilízate,
yo me ocupo.
-¿Cómo?
-No lo sé.
Pero nuestro objetivo ahora es acabar con los que están en la casa.
-¿Y cómo lo
hacemos?
-Vete hacía
su casa, finge que tu coche se te ha estropeado. Mientras yo le cargo el muerto
a nuestra testigo.
-¿Y con el
otro tío?-pregunté mientras me acariciaba el dedo anular.
-Está
herido. Si se bajan los dos a mirar lo de tu coche, los enviaré al otro lado.-
dijo Eric relajamente.
-A
propósito, he leído en las noticias que Agustín Robles ha aparecido muerto en
un callejón de Madrid, ¿tú sabes algo?-pregunté asustada.
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