-¿Tienes móvil?,
es que mi casa está apagada y no consigo arreglar mi generador. Y mi teléfono
esta sin batería.-me respondió ella mirando hacia la puerta de su casa, que
estaba medio abierta.
-¿Como se
llama?-pregunté.
-Elsa Yang.
Tras eso,
ella se metió para adentro. Volvió. Ella estaba sola y haciendo chasquidos con
un dedo. Bajamos la calle y miré su vestimenta, pensé que era cutre. Me
acaricié el anular y pensé en donde estaría el otro tipo. Me giré y vi a mi acompañante
hablando sola. Ella me miró y se disculpó por haber estado haciendo eso.
Un hombre bajó
como alma que lleva el diablo hacia nosotras. Pensé que como no había nadie por
las calles, tendría que haber salido de la casa de Elsa. Él le dio unas llaves
a esta, se lo agradeció.
-¿Has
cerrado?-preguntó Elsa.
-Sí,
tranquila.-respondió el hombre.
Era fornido,
un poco grueso y no era muy guapo. Los llevé por donde había venido. El hombre
maduro no paraba de hablar sobre él y me preguntó sobre si le conocía. Le
respondí que no. Insistió muchas veces. Los dos me preguntaron sobre si era la
esposa de Antonio Linares, les conté brevemente lo que sucedió con mi marido,
mintiéndoles en casi todo.
Vi mi coche
pasar al lado nuestro. Dentro estaba Eric, en el asiento del conductor. El plan
era dejar a la víctima que tenía en mi coche, dentro de la casa de Elsa
mientras Elsa, el tío feo y yo íbamos -en teoría hasta mi coche- que ya no
estaba en la calle que había mencionado antes. Habría desaparecido. Eric
forzaría la cerradura y dejaría el cuerpo sin vida del ladrón dentro de la casa
de Elsa. Cuando volviésemos, mataríamos a todos.
Pasó cerca de
nosotros, antes de que los otros se dieran cuenta de que pasara, grité.
-¡Es por
ahí!
Ellos se
asustaron. A mi casi se me sale el corazón del grito que pegué. Al
acompañarlos, vi que no estaba mi coche aparcado y dije.
-No está mi
coche, ¿dónde está?-pregunté, fingiendo el sollozo.
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