El despertar
que tuvo Elsa, le quitó el sueño, por que habían llamado a su timbre a las
tantas de la noche y había socorrido a
un hombre malherido. Sus pensamientos no estaban muy claros: no sabía quién era
ese hombre, ni si se debía fiar de él. Así que aprovechó al estar él
descansando un poco en el sofá del salón desastroso que ella tenía, a mirarle
sus extremidades por si había algún tatuaje de la bandera española con el
nombre de Eric inscrito. Nada, al examinarlo bien, se tranquilizó, pero pensó ¿qué
estaría haciendo por mi calle? Le dejó descansar unos minutos hasta que recobró
el conocimiento. Estando ella cerca de él, este apretó fuertemente el brazo de
la joven. Ella lanzó un gemido y le golpeó con el otro brazo la cabeza. Este
reaccionó soltando su mano y levantó la mirada. Le dolía mucho la frente y un
poco el hombro de la herida que tenía. Vio que estaba vendada. El Rata se tocó
la calvo rota y vio a la dueña de la casa. Le pareció preciosa, pensó mientras
miraba su esbelta figura con curvas, con esos ojos marrones con los que ella le
estaba mirando, le había enamorado también su aspecto asiático. Ella rompió el
silencio.
-Ten cuidado
tío, ¿cómo se llama?
-¿Y tú? ¿dónde
está mi colega?-preguntó asustado El Rata. Cambio su postura, de estar tumbado,
a sentarse cómodamente.
-No sé de
quién me hablas, pero solo te he visto a ti, llamando insistentemente al
timbre. No había nadie más, te he traído a mi casa y te he vendado la herida
que tienes en el hombro.-dijo ella señalando a dicho vendaje.- ¿qué te ha
pasado? ¿quién te lo ha hecho?
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